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Luis Alfredo Garavito Cubillos

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"La Bestia"

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John Iván Sabogal, 12 años y vendedor de lotería, solo se le deshizo el nudo de terror en la garganta cuando Bonifacio Morera Lizcano intento violarlo. Fue entonces cuando saco de adentro los gritos de pánico que no le había salido durante las dos horas que llevaba amenazado con un cuchillo, que comenzaron en la Plaza de los Centauros, en pleno centro de Villavicencio, y que estaban a punto de terminar ahora, mientras que desnudo atado de pies y manos en un matorral solitario en las afueras de la ciudad, sentía a sus espaldas a un hombre acezante a punto de ultrajarlo sexualmente.

Profería cientos de injurias y palabras grotescas. No eran amenazas. Le estaba describiendo paso a paso un ritual perfeccionando tras asesinar a docenas de niños varones entre 6 y 14 años en 51 municipios del país. A 800 metros de allí en un lote baldío frente a Almaviva, unas bodegas para almacenar granos las autoridades descubrieron entre junio y noviembre del año anterior 12 cadáveres de niños que ya había asesinado en Villavicencio, capital del Meta, un departamento de Colombia tan grande como Panamá y en cuyo extremo sur quedan tres de los municipios que el gobierno nacional destino como zona de despeje para los actuales diálogos con la guerrilla. En Villavicencio fue donde Morera Lizcano cometió el ultimo de sus asesinatos que, hacerle caso a su minuciosa libreta de apuntes, fueron 142 en siete años.

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Casi 200 niños asesinados

Las autoridades judiciales no tienen una cifra definitiva, puede que este echando mas muertos encima para engrandecer entre los asesinos en serie o que sus apuntes no hayan sido tan juiciosos y los niños a los que mato pudieran ser hasta 182 todos pobres y varones, casi todos delgados, de rostro bonito, cabello castaño y ojos cafés. Los trazos aindiados y la leve tendencia de la gordura de John Iván no concordaban con ese perfil de potenciales víctimas de Morera, en el rango de niños diferentes de los gustos del asesino apenas si se podía mencionar uno de raza negra, otro francamente obeso y uno que además de ser el único de 16 años, era paralítico. El comienzo del horror para John Iván ocurrió hacia las tres y medía de la tarde del jueves 22 de Abril de 1999 en la plaza de los Centauros, en Villavicencio, desde el medio día, cuando salió de su casa, había vendido 10.000 pesos que llevaba en solo billete marcado con un 740 manuscrito en tinta roja. Le quedaban 74.000 pesos en boletos para ofrecer.

Oiga niño, yo le quiero comprar una lotería, déjeme ver que numeras tiene le dijo Morera, para quien las plazas publicas de mercado y de los terminales terrestres de transporte eran sus cotos de caza preferidos desde que comenzó su carrera de asesino trashumante a mediados de 1992 en Jamundi (Valle del Cauca).En la plaza principal de le Tebaida (Quindío), el 19 de Abril de 1.994, hacia las ocho de la mañana, llamo a Manuel Vicente Daza, de diez años, cuando iba a hacer un mandado de la casa. Días después encontraron su cadáver en la finca San Fernando con la cabeza cercenada y múltiples heridas de cuchillo a la altura de los riñones. Cuatro años después, el 22 de junio de 1.998, en Génova (Quindío) convenció a Tomas Martínez y Javier Ardila nueve y doce años respectivamente cuando cargaban cebolla en la plaza principal del pueblo para que se fueran con él y que, a cambio de algún dinero lo ayudaran con unos caballos, que debía llevar a otro sitio del municipio. Al otro día, en ese mismo pueblo y con la misma excusa, engatuso a Leonardo García cuando termino de jugar un partido de fútbol con sus amigos. Todavía nadie había dado la alerta sobre la desaparición de Tomas y de Javier. Aunque sus familias hubieran advertido al pueblo no habría por que sospechar del hombrecillo de barba, gorra y lentes que vieron sentado en la plaza. Había nacido en ese pueblo 41 años atrás, el 25 de Enero de 1.957.

Antes de Manuel Vicente y después de Tomas y de Javier hubo niños muertos, siempre pobres, siempre bonitos, y casi siempre delgados. Todos fueron encontrados días o años después atados de pies y manos en matorrales a las afueras de los pueblos o ciudades. A muchos de ellos les mutilo el pene y se los introdujo en la boca, a otros los decapito o cuando menos les dejo la cabeza colgando de un hilo de piel y carne del cuello. Al comienzo el puñal iba directo al corazón, pero paulatinamente fue cambiando el sitio y la cantidad de cuchilladas para prolongar el sufrimiento. El 18 de octubre de 1.997, en Río Frío (Valle del Cauca) le clavo 42 puñaladas en el tórax a Andrés Salgado, estudiante de 13 años. También con el correr del tiempo empezó a marcar sus muertos con cortes en la piel que formaban largas líneas sobre el tronco. Morera empezó a ojear los billetes de lotería y se le fue acercando a John Iván hasta que lo tuvo lo suficientemente cerca como para mostrarle un cuchillo grande y basto que llevaba en una mochila terciada al hombro No vaya a gritar por que lo mato.

Se tiene que subir conmigo a un taxi le dijo Morera. Sin gritar sin decir una sola palabra y mirando de frente, John Iván siguió las ordenes y en unas cuantas zancadas alcanzaron la calle 38, donde abordaron un taxi, Morera le pidió al conductor que los llevara al anillo vial, frente a las bodegas de Almaviva. Entre los dos puntos había en ese entonces cuatro semáforos y unos 25 minutos de recorrido, Durante el cual John Iván no dijo nada. No podía. Morera le enseñaba de cuando en cuando el cuchillo, sin dejarlo ver del taxista, y le hacia una elocuente mirada que era una orden de mantener el silencio. Al llegar al sitio, el asesino le dio 2.000 pesos casi un dólar al taxista, por una carrera que en ese momento costaba 1.500, era un lugar despoblado y solitario, transito de camiones de 18 ruedas. Aunque John Iván hubiera querido gritar nadie lo hubiera escuchado.

Subieron unos ocho metros por una ligera pendiente y Morera le dio la orden de cruzar una cerca de tres alambres de púas, después de la cual empieza un bosque de árboles nativos, una vez allí no hay manera de saber que esta pasando , matorral adentro. El 27 de noviembre de 1998, los niños de Pereira la mas grande y moderna de las tres ciudades que componen el eje cafetero marcharon de noche y alumbrado con velas para pedir con su silencio que no los siguieran matando.



Las autoridades no descifran el acertijo de los asesinatos

Pereira tenia serias razones para estar en pánico En enero cuatro cráneos de niños fueron encontrados junto al barrio Nacederos. El 17 de septiembre un joven que cabalgaba por un terreno baldío cerca del aeropuerto Matecaña descubrió una gran cantidad de pequeños huesos, luego, de ser cotejados por el Cuerpo Técnico de Investigaciones CTI de la Fiscalía General de la Nación, resultaron ser los restos de 13 niños. Una semana después en el kilómetro 1 de la vía hacia Mercella, en un abismo de unos 500 metros de profundidad y rodeados de maleza, se encontraron 12 esqueletos y nueve cráneos de niños. Alrededor de la fosa estaban esparcidos retazos de ropa y zapatos con las suelas desgastadas. Algunos cuerpos tenían una soga atada al cuello estos hallazgos trajeron a la memoria de los investigadores otros casos descubiertos en años recientes entre 1993 y 1998 se habían encontrado en todo el departamento del Risaralda del que Pereira es la capital 9 fosas y 42 esqueletos, todos de niños varones. Esas cifras alimentaron toda suerte de teorías en la opinión publica sectas satánica haciendo ritos de sangre, trafico de órganos humanos, exterminio nocturno de habitantes de las calles, castigo divino por la supuesta vida licenciosa que se lleva en Pereira, un cóctel entre prostitución infantil, pederastia y el dinero fácil del narcotráfico y por ultimo, uno o varios asesinos en serie

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No había otro tema de conversación y a pesar de la presión pública, los investigadores no conseguían un hilo conductor que pudiera dar un atisbo de respuesta. Esto, aunque desde junio interceptaron teléfonos e infiltraron detectives en la plaza de mercado y en la calle disfrazados de indigentes el único resultado fue una grave enfermedad gastrointestinal de un infiltrado por ingerir comida descompuesta recogido entre la basura. Y aunque Risaralda era la región mas afectada, crímenes similares habían ocurrido en 13 de los 32 departamentos del país y por esa misma época comenzaron a salir de aquí y de allá las piezas de un rompecabezas que ningún investigador lograba todavía ver como un todo.

El 23 de junio de ese año 1998 aparecieron 3 cadáveres en Génova (Quindío). Un grupo de investigadores fue enviado desde Armenia, la capital departamental, alertados por casos previos, querían hacer una minuciosa recolección de prueba en la escena del crimen pero la muchedumbre se había metido en el matorral sin dejar un solo indicio valido, salvo los mismos cadáveres. De regreso a Armenia comentaban detalles del caso, cuando una secretaria escuchándolos, cayo en la cuenta que un año atrás desde Tunja (Boyaca) había enviado una orden de captura contra Luis Alfredo Garavito Cubillos por la violación y muerte de un niño a quien le habían cortado la cabeza y cercenado el pene, que luego le introdujeron en la boca.

También a mediados de 1998 se descubrieron 12 osamentas de niños en distintos puntos cerca del anillo vial a las afueras de Villavicencio (Meta), el primero de esos cuerpos fue hallado sin cabeza, el 20 de julio de 1998 a ese le siguieron otros tres entre el 16 y 17 de septiembre. El rastreo se mantuvo hasta la primera semana de noviembre, durante ese tiempo encontraron nueve esqueletos mas de niños entre los 7 y los 16 años.

La agresividad con que Morera actúo con John Iván no era muy común en su trayectoria de asesino por lo general se acercaba a los niños con días de antelación y los iba charlando y conquistando con golosinas y refrescos. Es mas, con John Iván tenia un tema en común, las loterías y juegos de azar era un apostador de chance, juego en el que gana quien acierte los últimos tres dígitos de la lotería. De hecho el día anterior le había apostado 1.200 pesos al numero 275, era su preferido, de los últimos 17 chances que jugo en su vida de asesino viajero, diez le iban a ese numero. Además de las apuestas a Morera también le gustaba pasar el tiempo tomando en las cantinas del pueblo y escuchando música carrilera y de despecho, género musical muy arraigado en la zona andina de Colombia.

Un día previo al encuentro con John Iván le había metido 1600 pesos a una rockola, eso es música de expertos en carrilera, diría después un cantinero viejo repasando la lista de canciones que ese día puso a sonar Morera. A John Iván , después de obligarlo a pasar el cerco de púas y de internarse unos metros en la zona boscosa, le ordeno quitarse la ropa quedarse en calzoncillos. Allí le ato las manos y le reviso los bolsillos del pantalón para robarle lo que llevaba, Después como hizo con casi todas sus víctimas lo obligo caminar delante de él en círculos en medio de la maleza hasta cansarlo. Eran cerca de las cinco de la tarde cuando lo hizo detener en un cuadrado de hierba libre de vegetación en la finca Rosa Blanca, allí intento de violarlo.

Entonces fue cuando a John Iván se le desato el nudo en la garganta y le salieron todos los gritos que tenia atorados desde el momento en que, hora y medía después, Morera lo había amenazado con el cuchillo. Gritar como un loco, eso era lo único que podía hacer para salvar su vida Y lo hizo.



Asesino en serie

Viola y les saca el corazón a los niños. El 28 de septiembre de 1998 ese fue el titular del Espacio periódico sensacionalista de amplia circulación y muy leído por los estratos populares que daba cuenta de tres crímenes en Florencia (Caqueta), ciudad de la selva amazónica al sur del país, dos de los cuerpos se hallaban dispuestos de modo que los pies de un cadáver quedaban a la altura del cuello del otro. Adentro del círculo estaban las cabezas cercenadas, como un macabro jing-jang Los anos estaban desflorados abiertos y mirando al cielo igual que el rostro de los niños. Cuatro equipos departamentales de investigadores y varios detectives sueltos en toda Colombia trabajaban sobre sus respectivos casos pero casi nadie levantaba la cabeza para mirar la labor del vecino.

Excepto Carlos Hernán Herrera , morfólogo que trabajaba en Buga (Valle del Cauca) quien en mayo de ese año envío un informe a la dirección general del CTI para que se hiciera una investigación nacional en busca de un asesino que abordaba a sus víctimas en las plazas de mercado y terminales para luego violarlos, decapitarlos y cercenarles los genitales. Como siempre los encontró en plantíos de caña de azúcar los llamo "Los Niños de los Cañaduzales". Nadie hizo caso de su petición y fueron tres los cadáveres en Florencia los que levantaron en la sede del CTI en Bogotá la sospecha de que había un solo asesino de tras de todas las muertes. Se parecían demasiado a otros crímenes como los de Pereira y de Villavicencio. Unas cuantas semanas después estaban reunidos en Pereira distintos investigadores que terminaron por descartar la hipótesis restantes satanismo, trafico de órganos, etc. y solo quedo la de un violador y asesino en serie. Además se hizo un listado de mas de cien sospechosos, que finalmente se redujo a diez. Todos tenían antecedentes de acceso carnal violento.

A principios de noviembre, todas las secciónales recibieron la orden de informar sobre casos como el de Florencia. Después les llego una citación para una reunión nacional en Pereira a finales de Enero de 1999 siete años después de la primera víctima. Comenzaba el envió definitivo para capturar al asesino.

Oiga hijueputa que le esta haciendo a ese niño la voz era la de un chatarrero de 16 años que había ido a fumarse un cigarrillo de marihuana cuando escucho el grito de John Iván . De inmediato fue en su ayuda. Al verse descubierto, Morera le corto a John Iván la soga de los pies. Vamos mas para allá le dijo . Esa fue la ultima orden que le dio a John Iván y la única que el niño no le obedeció pues corrió hacia donde estaba el chatarrero que se armo de piedra y comenzó a tirárselas a Morera, que empezó a perseguirlos. Corrieron como desaforados por unos 600 metros bajando por una pendiente que daba a una quebrada, el chatarrero adelante y John Iván con las manos a la espalda, detrás de él, cruzaron un modesto puente de guadua un tallo fibroso y muy resistente y cien metros mas adelante encontraron una casita prefabricada, allí estaba Magali , una niña de doce años, que vio pasar derecho al joven y de tras a John Iván . Que le paso, hay un tipo que me quiere matar y violar. Métase aquí y nos escondemos los dos. No por que nos mata a ambos corra, corra, le grito desde la distancia el chatarrero. John Iván le hizo caso sin darse cuenta de que Morera ya no los seguía, intimidado quizás por la niña y la casa, ubicada a espaldas del concesionario de maquinaria agrícola Casa Toro, adonde en pocos instantes llegaron el par de niños, jadeantes y presas del pánico, a tiempo que Morera se acercaba donde Magali, también aterrorizada.

Como se sale de aquí le pregunto Morera. Ella con el corazón que se le salía, le señalo el camino hacia casa Toro, Morera asintió y siguió su camino, para internarse de nuevo en la espesa vegetación. El terremoto del eje cafetero, ocurrido el 25 de enero de 1999, pospuso varios meses la cumbre citada desde Bogotá . Ese aplazamiento, sin embargo, no detuvo las investigaciones.



El asesino tiene rostro

En Armenia desde finales de 1998 los funcionarios del CTI empezaron hablar con los familiares de Luis Alfredo Garavito, el hombre que tenia orden de captura en Tunja, establecieron un perfil psicológico y llenaron un álbum con fotos suyas. El 14 de Abril hablaron con Luz Mary Ocampo, excompañera sentimental de Garavito. Ella describió como un hombre cariñoso y amable mientras no tomara un trago, había guardado un costal con papeles de Garavito que luego le entrego a Stella, una hermana del sospechoso. Cuando los detectives llegaron a él se encontraron un portentoso archivo personal talonarios de ahorros con movimientos detallados, libretas con fechas , actividades citas personas visitadas, tiquetes de transporte intermunicipal y tarjetas de hospedajes .Todo un itinerario de años de una tremenda movilidad que asombro a los investigadores.

Esos registros minuciosos sirvieron para completar, luego de múltiples entrevistas y pesquisas el retrato de un hombre nacido en Génova (Quindío) el mayor de siete hermanos cuatro hombres y tres mujeres que fue maltratado por su padre desde niño mientras su madre guardaba una actitud pasiva frente a los afueros de su marido, que estudio hasta quinto grado de primaria en el Instituto Agrícola de Ceilan (Valle del Cauca), que salió de su casa a los 16 años después de un altercado memorable con su padre y se empleo como ayudante de un par de supermercados de donde lo despidieron por permanentes peleas con clientes, compañeros y jefes, que a los 21 años había pasado por Alcohólicos Anónimos y que durante cinco años recibió tratamiento psiquiátrico en una clínica del Seguro Social de Manizales, la tercera ciudad que compone el eje cafetero, junto con Pereira y Armenia, que los equilibrios emocionales lo llevaron al borde del suicidio y que después de ese tratamiento comenzó su vida de vendedor ambulante el los departamentos de la zona montañosa del país.

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En esos recorridos, fue afinado sus artes de mentiroso, embaucador y camaleón. Entraba a los colegios con documentos falsos de instituciones para ayudar a los ancianos y los niños, se disfrazaba de monje, mendigo o discapacitado con muletas o cuellos ortopédicos y entonces se mostraba humilde y abandonado de la mano de Dios. Tanto que logro salir de la cárcel de Tunja , acusado de violación y asesinato , acentuando el límite a su imagen de desamparo hasta que el punto que la Defensoría del Pueblo presiono para la liberación del hombre solo y abandonado, sobre el que no pesaban pruebas contundentes. Durante esos años se dejaba crecer el cabello y la barba por temporadas así lo vieron en su pueblo natal y sufría de permanentes crisis depresivas, vendía estampitas del Papa Juan Pablo II, de la virgen del Carmen y del Niño Dios, merodeaba las plazas de mercado y arrendaba cuartos en casas humildes de barrios pobres y marginales, se ganaba la confianza de los niños, con dulces, cuadernos y bebidas, y era muy amable con ellos.

Los que no lo describieron así fueron sus vecinos a quienes les recordaba pleitos de borracho. Nunca se caso ni tuvo hijos pero vivió con dos mujeres mayores que el, a cuyos hijos siempre respeto y que luego lo evocaron como alguien cariñoso y especial. A la casa de su padre volvió en contadas ocasiones, precedidas de tormentas emocionales y un terror de niño asustado. Cuando visitaba al papá le daba crisis de angustia y se bajaba con tembladera y vomito del carro que lo llevaba a la casa, contaría después uno de sus familiares. Ya sabían casi todo sobre él, menos el dónde, en que ciudad o pueblo de Colombia podían atraparlo.



El arresto

Mire Mama ese es el hijueputa que me quería violar gritaba desesperado John Iván y lo señalaba desde la patrulla policial. La estratagema del cabo Pedro Babativa había dado resultado, alertado por una llamada, llego con los agentes Cesar Augusto Rojas y José Tinjaca, con quienes se metió en el bosque a buscar a Morera. Anochecía cuando salieron del monte y al local de maquinaria habían llegado vecinos del barrió del frente y taxistas.

Con toda esta gente y tanta bulla el hombre no va a salir, pensó Babativa y se jugo una carta riesgosa, intento disuadir a la pequeña muchedumbre para que se fuera a sus casas, señores a esta hora ya que se puede hacer y el hombre debe andar quien sabe adonde. Conato de motín, que claro, por eso es que nunca atrapan a los criminales que ineficacia, que desidia y que lo vamos a acusar ante sus superiores.

Una vez Babativa controlo al publico, ordeno que montaran al niño, a su mama y a su abuela llamadas de urgencia a la casa de un vecino en la patrulla con uno de los policías. El abordo un taxi y el otro efectivo hizo lo propio . La orden era fingir que se marchaban pero que los taxis dieran vueltas utilizando los retornos del anillo vial. La descripción de Morera ya la tenían. No hizo falta esperar nada. Apenas la patrulla avanzo unos metros cuando John Iván , recién bañado y vestido con una bata por un empleado, fue el primero en verlo venir. Tranquilo, tranquilo le dijo el agente y de inmediato le comunico a Babativa la noticia, señalándole, equivocadamente al sospechoso.

Cuando lo abordo Morera le dijo que venia de Acacias, una población vecina, que era vendedor ambulante que su cédula era la numero 12,120, 692. de Neiva (Huila), pero como no la tenia a mano le enseño la factura de una compraventa, que vivía por ahí cerca y que lo estaban confundiendo con otra persona, Babativa no terminaba de creer que ese fuera el presunto violador, a pesar de que las señales físicas y el vestuario camisa color crema con rayas negras pantalón caqui y zapatos marineros coincidían con la descripción de John Iván . Llegue a pensar que no era el, el hombre tiene una mirada serena, es muy tranquilo, se muestra como una persona muy noble y respetuosa . No es grosero y párese muy bien hablado, contaría año y medio después el ahora sargento Babativa.

Pero si venia de otro pueblo como le estaba diciendo se pregunto entonces por que Morera traía grama y erizos de mala hierba en toda la ropa, embarrados los zapatos y los antebrazos de la camisa . Tenia que venir del monte, que a esa hora suele humedecerse con un rocío similar al de las madrugadas.

Luego vino la revisión de la mochila, había un metro de cuerda roja , varios papeles, un cuchillo de mesa y un tarrito cromado con las palabras vaselina pura sobrepujadas en la tapa. En los pantalones traía doscientos mil pesos en billetes de veinte mil. Aparte en el bolsillo de la camisa, llevaba un billete de diez mil pesos en la que resaltaba el numero 740 escrito con bolígrafo rojo. había atrapado al violador.

El morfólogo Carlos Hernán Herrera de impecable bata blanca, apoyaba con imágenes cada uno de sus hallazgos sobre el asesino de los niños de los cañaduzales. Los datos mas reveladores provenían de un levantamiento realizado el 8 de febrero anterior, el cadáver del niño quedo tendido encima de 179.000 pesos en billetes.

El asesino huyo de repente. Por que el cañadulzal, a punto de corte empezó a arder, En su afán dejo al lado del cadáver sus propios pantaloncillos, los zapatos, una peinilla, un destornillador y los anteojos, que quedaron a medio quemar. A partir de esa evidencia sin conocer a Garavito ni a Morera, Herrera concluyo que el asesino debía tener cuarenta años, 1,65 metros de estatura contextura delgada, bajo extracto social y que cojeaba de la pierna derecha uno de los zapatos estaba notablemente mas gastado que el otro.

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Del seguimiento de los billetes concluyo que estos habían sido puestos en circulación en Cauca, Nariño, Caqueta , Valle y Antioquia, logro una aproximación del rostro del asesino a partir de los puntos donde los anteojos hacían contacto en la cara. Era el 14 de julio de 1999 y Herrera exponía sus conclusiones en la cumbre de investigadores citada en Pereira y aplazada por el terremoto en el eje cafetero. Los detectives del CTI de Armenia escuchaban emocionados y ansiosos la presentación de Herrera y estaban seguros de saber quien era el hombre al que el se refería sin conocerlo. Apenas llego el momento les contaron a sus colegas cada uno de sus hallazgos.

El perfil psicológico de Garavito, los antecedentes familiares y las declaraciones de testigos que lo vieron en Tulúa (Valle del Cauca). Como prueba tenían una foto tomada allí, aparecía en chanclas negras, calzoncillos amarillos y mirando a la cámara. El brazo izquierdo y la espalda mostraban huellas de recientes quemaduras de segundo grado. Los investigadores de Villavicencio reconocían al hombre de la foto y sus quemaduras en brazo y espalda, además una plantilla en el tobillo izquierdo que lo hacia cojear, coincidían con los análisis del morfólogo de Buga pero el que tenían preso se llamaba Bonifacio Morera Lizcano. Sacaron sus tarjetas de sus huellas dactilares y las compararon con las de Garavito. No había duda, el hombre al que buscaban ya estaba preso.

Ahora había que encontrar las pruebas que ante los jueces demostraran inequívocamente la responsabilidad de Garavito en cada uno de los casos. También debían lograr la confesión, que facilitará el juzgamiento. Aumentaron los allanamientos y las pesquisas. En Pereira encontraron un segundo bulto de papeles con sus itinerarios hasta mediados de 1998 según los cuales estuvo varios días en Ecuador, donde no hay reporte de asesinatos similares. El tercer paquete, incluía el lapso faltante hasta el 22 de Abril de 1999, fue hallado en Villavicencio. A l final de la reunión hubo un acuerdo general, discreción absoluta y de esto no debe saber nada Garavito en Villavicencio, hay que seguir llamándolo Bonifacio Morera Lizcano , que no vaya a sospechar que sabemos quien es en realidad por que puede terminar suicidándose . Fueron siete horas de indagatoria sin resultado. Era el 28 de octubre de 1999 y en Villavicencio La Fiscal Octava de Armenia estaba bien documentada, 118 casos de niños asesinados cuyas fechas y lugares de muerte concordaban perfectamente con la información extraída de los tres bultos de papeles y las pesquisas. Morera se sorprendió cuando lo llamaron por su nombre real: Luis Fernando Garavito Cubillos, con cédula 6,511, 635 de Trujillo (Valle del Cauca).

Y se sorprendió cada vez mas cuando le preguntaban si había estado en tal sitio en la fecha, conocido a tal niño, o alojado en tal casa. Todo lo negó . Todo entre las once de la mañana y las seis de la tarde. La diligencia se suspendía en ese punto. Entonces ingreso uno de los cinco investigadores responsables de centralizar toda la información. Solo le tomo medía hora contarle a Garavito un resumen de su vida. Que había nacido en Génova Quindío y no en Neiva (Huila) y que estudio hasta quinto de primaria, que tenia 42 años y no 36, que era cinco centímetros mas bajito que el verdadero Morera. Que había estado en Alcohólicos Anónimos y bajo tratamiento psiquiátrico. Le dijo a que niños, cuando y adonde lo había abordado, se lo decía al oído, como susurrándole cada crimen y Garavito escuchaba quieto y apretando un pañuelo blanco en su mano derecha. Los apodos el loco, Tribilín, Conflicto o el Cura, los disfraces, de peleas, las varias entradas a la cárcel la forma como escapo en Tunja, las compañeras que tuvo y con quienes vivió de cuando en cuando, hasta que Garavito no pudo mas y se lanzo de rodillas al piso y dijo juntando las manos al cielo.

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La confesión

Yo les quiero pedir perdón por todo lo que hice y voy a confesar. Si, yo los mate y no solo a esos, mate a otros mas les dijo. Pidió que lo escucharan. La verdadera indagatoria apenas comenzaba. Después de la crisis de llanto Garavito se sentó. Saco una libreta pequeña vieja y arrugada, y se detuvo en una pagina con números y unas rayitas. Era su propia estadística, año por año, de los asesinatos cometidos, no eran 118 sino 142 y les señalo la ubicación exacta de cuatro cadáveres dejados a su paso por Granada (Meta). Su relato duro otras siete horas. Confeso que a los niños no les tapaba la boca ni los ojos, que se emborrachaba y fumaba durante el rito con un método que afino durante años y que consistía en apuñalarlos al principio en el corazón y que luego cambio por cuchilladas en las nalgas, las manos , en las bajas costillas y que finalizaba con un corte total o parcial de la cabeza. También y solo al principio, los ahorcaba con sus propias manos. Que los dejaba a medio enterrar. Que estaba arrepentido.

Durante la delirante jornada confesión le pidieron que dibujara un niño, lo hizo muy largo y recto, muy pulcro , y de camisa y pantalón, quizá su niño ideal. En pruebas psicológicas posteriores vio demonios donde había ángeles y negó la presencia de un pene donde este era evidente. En otro dibujo de figura humana, los ojos eran espirales, el estereotipo del loco en las tiras cómicas. Le diagnosticaron personalidad esquizoide con componentes psicopáticos. Mataba niños bonitos por que representaban lo que el no fue durante su infancia, pero la edad promedio de las víctimas y su estrato social si representaban al niño Garavito cuando fue violado por dos hombres y en distintas ocasiones cuando estudiaba e Ceilan (Valle del Cauca).

Una vez liberado de la presión de la búsqueda en su contra, dijo que no sentía culpa de sus asesinatos por que estaba liberando a los niños de los males que el había tenido que sufrir. Además algo dentro de si le decía que tenia que obrar como lo hizo. Los análisis psicológicos y psiquiátricos hechos durante el año que ha corrido muestran a un hombre con problemas de identidad sexual, para quien el cuchillo tiene un doble significado de placer y dolor. Quizás , piensen los psicólogos, escribía cada detalle de sus actos porque sabia que algún día seria descubierto y tendría que rendir cuenta y razón de sus actos. Los jueces, hasta hoy, lo han condenado a 865 años de cárcel por 32 casos juzgados y cerrados.

En otros 27 procesos, Garavito se ha acogido a sentencia anticipada, lo que implica rebaja de penas. Y aunque llevara años saber la suma exacta de pena, lo mas probable es que esta llegue a 50 o 60 años. La muerte a la que Garavito le tiene miedo de ninguna manera le será impuesta. No es un castigo previsto en las leyes nacionales, pero si por los reclusos de las cárceles, que matan a un violador de niños apenas tengan la ocasión . Y no son los únicos que lo quieren muerto. Desconocidos lo han intentado envenenar a través de la comida y hoy por hoy hay un funcionario responsable de verificar que sus raciones provengan de las mismas ollas que las de los presos de la Cárcel Distrital de Villavicencio. Por eso lo han cambiado varias veces de prisión. Siempre aislado, salvo las esporádicas visitas de una creyente evangélica que quiere hacerlo reencontrar con Dios . Afuera 142 familias esperan justicia.

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Mi confesión
Introducción - Viaje a la mente asesina de "la Bestia"


Mi encuentro con Garavito
Por: Mauricio Aranguren Molina.

Al caer la tarde su celda recibe la sombra de la garita principal, su cautiverio está tan cerca de los guardianes como de la calle, a diez pasos largos para ser exactos. Luis Alfredo Garavito puede ver todos los días quién entra y quién sale del penal; se entretiene observando cómo se abren y se cierran las puertas de color azul claro. Ahí estaba yo, frente a los guardias de la cárcel judicial del Distrito de Villavicencio, dejando el celular y mi cédula, para visitarlo de sorpresa. De haberle avisado que vendría a verlo, no estaría yo relatando este encuentro: odia a los periodistas pues el afirma que lo han tratado sin consideración, razón para evitar al máximo este tipo de visitas pero él es caprichoso y selectivo, "de pronto recibe a uno que otro", me dijo el director de la cárcel.

Su única ventana no tiene barrotes y la puerta de su cautiverio, menos. En realidad, su celda es una pequeña y antigua bodega de granos, adaptada especialmente para él, lejos de los pabellones, en la zona administrativa del penal y justo al lado de un teléfono público. La puerta verde, de metal delgado siempre permanece cerrada por fuera con un sencillo candado. Desde allí me vio, al correr sutilmente la cortina para que yo no lo notara, pero no hacía falta, nunca me lo hubiese imaginado recluido ahí.

Quizás los únicos conscientes de la peligrosidad de "la Bestia", escondida en su piel de cordero, sean quienes lo investigaron, unos cuantos funcionarios judiciales que si se han leído los 500 folios de su confesión y yo. Por eso no lo imaginaba en aquel cuartito, con mínimas medidas de seguridad.

En todas las cárceles de Sudamérica existe un lugar para los presos poco conflictivos, aquellos que buscan alejarse de la ley del hampa de los caciques en el interior de los pabellones. Algunos presos 'distinguidos' o con recursos económicos pagan por ser llevados allí, otros se ganan el traslado al lugar por buena conducta, y hombres como Luis Alfredo Garavito porque literalmente lo picarían en pedazos al dar el primer paso en los patios de la cárcel.

Sin embargo, ''la Bestia'' tiene una característica adicional, poco y nada coincidente con su alias; ''es un reo de disciplina intachable'', asegura el coronel (r) Filiberto Salcedo. Por ello es tratado con alguna consideración, Cuando él pide permiso para caminar, un guardia está autorizado para abrir el candado y acompañarlo. En compañía del sargento, los fines de semana, Garavito se pasea frente a la oficina del director de la cárcel o con el guardia Bejarano los días hábiles. Ellos son los encargados de servirle a diario la comida y tienen la responsabilidad de evitar que Garavito sea envenenado.

-¿Coronel no considera usted inseguro sacarlo a pasear por donde transita tanta gente?
"No, desde que no haya por ahí ningún niño no le veo inconveniente, lo sacamos al sol y él no pone problema por nada", me aseguró confiado el director, mientras conversábamos sentados en su oficina.

Es asombroso como Garavito se ha ganado poco a poco la confianza de quienes lo rodean, igual como lo hacía con cada una de sus víctimas. Tanta cordialidad y buen comportamiento es un peligro latente. Yo no lo dejaría acercar a un ser humano con vida -pensaba-Y de ello me convencí al hablar con él ese día, pues en algún momento me dijo: Yo no he confesado muchos crímenes que hice, porque no me han dado las garantías, yo he matado y mandado matar a mucha gente, cuando tenía el bar El Dino en Cartago; esos finados no eran ningunos niños.

Es decir, según esta confesión extrajudicial Garavito mismo ha matado y mandado matar a adultos que no le caían bien, y puede volverlo a hacer en la misma cárcel o en un plan de fuga. Después de comunicarle mi interés en hablar con él, siendo, además, su única visita de aquel sábado, el coronel me contó, camino a su celda, que Garavito había pedido traslado para la cárcel de Armenia y le fue negado:

"Aunque él se porte bien, no deja de ser un riesgo tenerlo aquí, la incomprensión de los otros internos da para que lo maten." Mientras caminábamos hacia la puerta del penal, el director de la cárcel me decía que desde cuando aquél está preso, las únicas personas en visitarlo son algunos evangélicos.
Eran las 9 de la mañana cuando llegamos al remedo de celda. El coronel, con voz fuerte, lo llamó:

-¡Garavito, aquí está el periodista que vino a verlo; sargento, abra el candado!
Apartó la cortina tímidamente y apareció detrás del marco de la ventana, alguna vez con vidrios, hoy sellada, a manera de reja. Al tenerlo frente a frente me impactó su aspecto, es otra persona; el Luis Alfredo Garavito que Colombia y el mundo conocieron tenía bigote y un tono de piel trigueño. Hoy usa unas lentes con marco de pasta roja, iguales a los que alguna vez dejó en la escena de un crimen, su piel tomó su color natural, tez blanca y sus ojos se veían más verdes de lo que yo imaginaba. Rápidamente le estiré la mano y lo saludé:

-Buenos, días Alfredo.
El saludo era muy importante, por cuanto odia que lo llamen Luis Alfredo, porque así lo llamaba su padre.
-Cómo le va periodista, ¿qué lo trae por acá?,- me preguntó
-Quiero que conversemos un rato y nos tomemos un café.
-Bien, entre "murmuró".

Trataba de no pensar en lo que sabía sobre él, para lograr una percepción real del otro Garavito, el hombre en extremo amable y servicial. Mientras él preparaba el tinto instantáneo, servía el agua de un botellón, le ponía las cucharadas de café y éste se diluía, yo pensaba: ''En la confesión se le escuchó decir que torturaba, violaba y asesinaba los niños porque sentía un inmenso placer al hacerlo, sin embargo jamás admitió que sólo alcanzaba la erección y el orgasmo si golpeaba hasta la muerte a sus víctimas, en medio del coito contra natura. Esto hace parte de su intimidad, según él. Quizá jamás lo reconozca, pero la verdad es simple y espeluznante; satisfacer su sed de sexo y sangre era la razón de fondo de su proceder. Culpar al resto del mundo es su gran justificación y adjudicar sus actos a una fuerza del mal que lo domina es buscar en lo espiritual una explicación a un comportamiento terrenal, con el único fin de evadir su responsabilidad ante una sociedad profundamente cristiana.

No ha de olvidarse que su mayor habilidad, aparte de matar, es mentir, manipular y su odio se manifiesta aniquilando a quien lo humille o lo ofenda''.

Después de una breve charla de presentación, me preguntó:

-Ahora si dígame, de verdad, ¿para qué vino a verme?
-Yo soy escritor, y la muerte de los 192 niños que usted asesinó, me impresionó mucho. Quería conocerlo para decidir si escribo un libro sobre el tema. Para mí es claro que no se puede escribir sobre usted sin conocerlo.
-No sólo sin conocerme, sin que yo explique qué fue lo que sucedió- repuso.

Fue ahí cuando quiso desvirtuar la confesión consignada en 500 folios. Sin embargo, para mí era la principal fuente, su historia contada en primera persona esencia para escribir este libro. Su voz, sus gestos, su mirada, su razonamiento me eran también valiosos, como los 4500 folios que había leído con mis dos asistentes de investigación, o las decenas de entrevistas a fiscales y testigos. La excelencia del periodismo es entrevistar a la persona y descubrir su esencia como ser humano. A pesar del malestar que me causaba estar frente al asesino de niños más grande de América Latina o del universo, me contuve y lo entrevisté.

Yo solo frente a 'la Bestia' asesina.

Poco a poco me fue insinuando el pago de unos veinte mil dólares si yo deseaba grabarle una entrevista, o por lo menos cuarenta millones de pesos. A cada instante citaba publicaciones o canales de televisión que han divulgado el caso y reclamaba:

Cuentan mi historia, y yo, qué? Si usted y yo llegamos a algún acuerdo, yo tengo una persona afuera a la cual usted le puede consignar el dinero.

En ese momento decidí que no se le debía dar un solo peso a Garavito; además, me iba encargar de advertir que quien lo haga, quien le dé cualquier dinero por su historia, le estará colocando un revolver en la cabeza a los fiscales e investigadores de Armenia y Pereira, a quienes hoy él odia profundamente. Garavito con dinero y mínimas medidas de seguridad es un peligro mayor. Gigantesco para esta sociedad tan pasiva e insolidaria.

Para justificar aún más mi presencia allí, le dije que comentaría su deseo en la editorial. En ese momento se inclinó y sacó de debajo de la cama una piedra con algunos bordes puntiagudos, la acercó a mi rostro, me miró y me dijo:

Esta piedra la tengo aquí para todos aquellos que me humillen o me traten mal, como lo hizo Jesucristo cuando apedreaban a Martha, les diré a mis detractores: aquí está la piedra, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Sentí pavor y aunque logré no evidenciarlo, de mi mente no se apartó la imagen del hombre astuto y en extremo precavido que tenía al frente, el mismo que escogió a sus víctimas de manera cuidadosa, actuando con premeditación, hasta cuando fue detenido. Nunca se relacionó con el mundo del hampa y es más inteligente que la mayoría de los criminales. De ahí la dificultad para capturarlo.

Para perseguir a delincuentes como él, en Norteamérica y también en Europa y, Rusia, se han conformado equipos de investigadores especializados, un grupo de expertos en psicología criminal que buscan los patrones de comportamiento del psicópata, para descubrir la construcción de su ruta asesina.

Un grupo como éste no existía antes de Garavito, ni existe aún en Colombia, a pesar de saber que entre nosotros puede estar gestándose un asesino igual o peor. Desde principios de siglo existen agentes especializados en capturar asesinos en serie, quizá la primera fuerza especial nació a partir del gran fracaso de la Scotland Yard, al no poder capturar al más famoso de todos los asesinos: Jack, el Destripador. Además de asesino en serie, Luis Alfredo Garavito se camufló como panadero, vendedor ambulante, empleado de supermercado, tuvo heladería, fue falso monje misionero, enfermo lisiado, administrador de restaurantes y bares, adivinador y limosnero. Pero en lo único que ha sido constante y exitoso, dentro de su distorsionado pensamiento, es en sus facetas de violador, torturador y asesino en serie. Sólo dos de sus víctimas lograron escapar con vida.

Únicamente pudo ser profesional en algo infame, pero lo fue, hasta el punto de hacerlo durante 19 años sin fracasar, como le sucedió en todas sus demás empresas. Dentro de la cultura occidental, individualista por naturaleza, en la que para alcanzar el éxito en cualquier actividad se vale casi todo y se es premiado con la fama, Garavito había alcanzado poco a poco un lugar, maldito, pero un lugar. Llegó a ser una estrella fatal en los medios de comunicación masivos.

Gran parte de sus crímenes fueron registrados y, en medio de su gran cúmulo de frustraciones, él se sentía importante cada vez que veía cómo sus actos eran registrados en primera página.

Su obsesión por recibir reconocimiento lo llevó a convertir en fetiche cada artículo de prensa que sobre él o sus actos se publicó. Los guardó durante años cual trofeos.

El interior de su celda permanece muy ordenado y limpio; las cuatro paredes están forradas con cuartillas en blanco sobre las cuales ha escrito innumerables frases extraídas de la Biblia, o sólo nombres de personajes mundiales, desde Pinochet hasta la madre Teresa de Calcuta, pasando por Diana de Gales. Dice admirarlos y por eso estampó sus nombres allí.

En ese momento le pregunté por contactos con Graciela Zabaleta, su ex mujer, pues me enteré de su viaje a la costa. De inmediato, Luis Alfredo Garavito empezó a llorar y me dijo: Ellos son los seres que yo más quiero en el mundo, yo sé que ya no me quieren ver, pero me gustaría poder verme con ellos y pedirles perdón. Minutos más tarde, después de secarse las lágrimas, me preguntó cínicamente:

-¿Qué piensa usted de la forma en que yo lloré, lo conmovió?
Evadí la respuesta y solo le comenté que todos los seres humanos tenemos nuestras formas de expresar los sentimientos. Pero me quedó clara su recurso magistral de impresionarme con sus lágrimas de cocodrilo.

Su ruta asesina comenzó el 4 de octubre de 1992 y terminó el 21 de abril de 1999. Cuando lo capturó un sencillo pero responsable Cabo de la Policía sin saber que era el mayor asesino de niños del continente. Durante esos años violó, torturó y decapitó 192 niños de extracción social humilde. Pero para llegar a matar de esa manera, ya había hecho mucho daño, y se le podría catalogar en sus inicios como un cruel violador en masa.

Luis Alfredo Garavito Cubillos, alias "el Mendigo", "el Monje' "el Cura" "el Loco" "Tribilín" "Conflicto" "Alfredo Salazar" o ''Bonifacio Morera Lizcano'', violó y torturó entre 1980 y 1992 un total de 200 niños. Entre octubre de 1992 y enero de 1997, cuando se le libró la primera orden de arresto, acabó con la inocente vida de 100 menores, y entre el 13 de enero de 1997 y el 21 de abril de 1999 logró matar a otros 92 pequeños, todos hombres, de tez blanca, la gran mayoría con edades entre los 8 y los 14 años, por lo general menores, niños trabajadores bien parecidos.

Es egocéntrico, ordenado en extremo, pulcro y vanidoso, al punto de que dos días después de comenzar la indagatoria pidió el periódico y sorprendió a todos con una inesperada frase. Cuenta César Arenas, investigador del CTI, que al mostrarle la primera página del periódico evidenció su molestia. El funcionario consideró esa actitud producto del titular: "Bestia asesina 192 niños" pero no, Garavito se perturbó por algo muy distinto: " ah salí muy despeinado en esa foto", dijo con cinismo al ver el diario.

En la misma silla donde yo estaba sentado, la fiscal Ofelia Corzo realizó las dos últimas ampliaciones de indagatoria. Al llegar a la celda advirtió al guardián que el vidrio de la ventana de Garavito se había roto, pero no se le ocurrió pedir requisas del lugar del cautiverio, previendo esconder allí un arma cortopunzante. En la mitad de la indagación Garavito recogió un pedazo de vidrio que se encontraba debajo de la mesa y apuntándose al cuello, mirando fijamente a la fiscal dijo: "Este vidrio está bueno para " Luego lo desplazó a pocos centímetros de su cuello. Confiesa la doctora Corzo haber sentido en ese instante pánico, supongo igual al que padecía yo cuando me puso la piedra en la nariz.

Comenta ella haberle dicho: "Señor Garavito, si lo va a hacer, no creo que se le ocurra aquí, usted es una persona muy pulcra y no va a dejar su reguero de sangre; si insiste hágalo en el baño, allí sí no ensucia nada". Después de 22 días de confesiones, la fiscal sabía como tratarlo.

Luis Alfredo Garavito es uno de esos casos extraños en el universo de los psychokillers o asesinos en serie. Es psicópata, psicótico, y estuvo a un paso de convertirse en un spree killer, o asesino que mata a varias personas en sitios distintos en un lapso breve de tiempo.

Como el mejor de los psicópatas, planeó de manera minuciosa su estrategia asesina, estudió fríamente a sus víctimas y las despojó de sus características humanas; "cosificaba" los menores, convertía a cada niño en una cosa con la cual satisfacer sus deseos de sexo, venganza y sangre, por encima de cualquier consideración moral o social. De manera extraña, y a diferencia de los psicópatas clásicos, él sí sufría remordimientos y profundas crisis por cada asesinato cometido, convirtiéndose, también, en un psicótico: se emborrachaba y entraba en graves estados de paranoia y esquizofrenia, su visión de la realidad se distorsionaba y se veía impulsado a matar a sus víctimas en medio de sus alucinaciones. Horas más tarde retornaba a la lucidez, para ser invadido por el remordimiento.

Fuera de la indagatoria y de manera informal, Garavito también confesó su deseo de convertirse en un asesino en masa, similar a los niños pistoleros que han masacrado a sus compañeros en las escuelas estadounidenses, o igual a aquel excombatiente de Vietnam que nunca olvidara Colombia: Campo Elías Delgado, quien disparó en contra de su madre, la incineró, asesinó varias personas en su edificio y después masacró en el restaurante italiano Pozzetto de la carrera séptima con calle 61 de Bogotá a 20 comensales, no sin antes tomarse varios 'destornilladores' (vodka con zumo de naranja) y comer su pasta preferida acompañada de dos botellas de vino tinto.

Garavito en su confesión afirmo: Llegó un momento en el que me aburrí de asesinar niños, por lo fácil que era seducirlos y llevarlos hasta un lugar boscoso donde los mataba. Me estaba preparando para hacerlo con adultos yo quería secuestrar a un montón de personas para matarlas ante los periodistas, así me mataran a mí después

Este era el final que Luis Alfredo Garavito quería darle a su vida, lo estaba planeando y ya comenzaba a desearlo de manera obsesiva en lo más profundo de su compleja mente.

Al conocer el macabro show que quiso montar para cerrar su carrera asesina, se despierta aún más el deseo de escudriñar, ir al principio, preguntarse dónde comenzó todo, conocer la verdad sobre su infancia y saber por qué y cómo se fue formando "la Bestia".

El 13 de diciembre de 1999 fue dictada la primera y única condena proferida a Luis Alfredo Garavito Cubillos. El Juez quinto penal del circuito de Tunja lo sentenció a 52 años de cárcel por el delito de homicidio agravado contra el niño Ronald Delgado y acceso carnal violento en el grado de tentativa por el caso, motivo de su captura. La máxima pena establecida por el código penal colombiano es de 60 años. Garavito de manera astuta, al verse acorralado confesó sus delitos y se aseguró que quedara consignada en la indagatoria su petición de sentencia anticipada, la cual se tradujo en la primera pena mencionada.

Así los familiares de las demás víctimas quisieran verlo pagar los 60 años completos, o mejor, la sumatoria de los otros 191 asesinatos, que alcanzaría para unos 1.152 años, eso no es posible. En Colombia la ley no permite acumular penas y a un sindicado sólo se le puede aplicar la máxima sanción establecida en el código penal. Para el mismo crimen. Sin importar la gravedad de los crímenes el delincuente puede conservar los beneficios. En otras palabras, en Colombia es lo mismo matar 1 ó 192 niños indefensos.

El psicópata más peligroso en la historia de Hispanoamérica ya goza de la primera rebaja de pena, y lo increíble pero cierto consiste en que la condena puede reducirse aún más si Garavito estudia, trabaja, enseña o escribe un libro tras las rejas. Si esto sucede, la ley actual obligaría al juez a concederle la libertad condicional dentro de 25 a 30 años, beneficiándolo con una rebaja de la mitad de la pena o más. Para ser exactos, "la Bestia" podría salir de la cárcel a los 68 ó 70 años de edad.

Por esta razón, el hoy supuestamente arrepentido Luis Alfredo Garavito Cubillos tiene la intención de abandonar la prisión más pronto de lo que muchos quisieran. En la apelación a su condena le envió una carta de su puño y letra a Francisco Díaz Torres, juez quinto penal del circuito de Tunja. Allí, el asesino que nunca tuvo clemencia con los niños, hoy implora un trato humanitario y revela su serio interés de salir muy pronto de la cárcel del distrito en Villavicencio, donde continúa recluido.

(Sic) Señor juez quinto Penal del Circuito De Tunja:

Yo Luis Alfredo Garavito Cubillos Con Cedula numero 6511635 de Trujillo Valle. Sustento ante ustedes el recurso de apelación contra la condena que se me notificó el día miércoles 12 de enero del presente año, para que principalmente se me tenga en cuenta la reducción de pena por confesión que ayudó a su despacho a aclarar el caso.

Hay que tener en cuenta que por muchos factores el promedio de vida en el momento actual es de 70 años; tengo 43, más 52 años de condena serían 95 años que sería una cadena perpetua; según tengo entendido en nuestro país no hay cadena perpetua; eso es lo que más he pedido, un trato humanitario y formas de rehabilitarme, de poder ser alguien en la vida ya que la vida y las personas y desde el vientre de mi madre siempre se manejaron muchas cosas, si a mí se me hubiera brindado afecto, cariño, orientación desde niño y más adelante cuando fui adulto; si no hubiera sido por los traumas de mi infancia y muchos hechos dolorosos que siempre me rodearon, había podido realizarme como un ser Humano, como lo que mandó Dios, dejarás a tu padre y a tu madre y formarás tu propio hogar y tendrás tus propios hijos, eso fue lo que siempre anhelé, tener una esposa unos hijos y ser alguien en la vida, sirviéndole a la familia, a la sociedad y al estado, sin causarle daño a nadie.

Siempre desde niño tuve muchas frustraciones, todo me salía mal, yo fui un hombre bueno, sufría y me daba mucho dolor cuando los demás sufrían. Había algo que me acontecía, no sé, que repasaba era algo extraño que me obligaba a ser esto y embriagarme y cuando volvía a mi estado normal yo sufría terriblemente porque yo a nadie le podía contar qué era lo que me pasaba, que era algo extraño y terrible; mas nunca me metí con los hijos de mis amigos y de la gente que era buena conmigo, yo los respetaba, antes los aconsejaba al bien, los veía como si fueran mis propios hijos, mas la señora que compartió el techo conmigo al hijo de ella yo lo quería como si fuese un hijo mío, nunca lo irrespeté ni con mi pensamiento, yo no veía la forma de yo salirme de esto tan terrible, es algo que yo no sé explicar, mas nunca pensé hacerle daño a Ronald Delgado Quintero; lamentablemente se apareció cuando yo estaba bajo ese estado; y a las circunstancias como lo maté me vengo a enterar cómo fue que quedó el cuerpo y pasa, seis meses después, estando en Pasto donde decía en la revista Vea, donde decía una cantidad de calificativos y también que me daba de cuarenta a secenta años de prisión, yo pensaba que si me entregaba a mí me mataban, entonces ahí fue donde decidí cambiarme de nombre y estar en la clandestinidad, a mí me faltaron fue oportunidades, falta de orientación y haberme encaminado por la senda del bien. Personalmente pienso como decía el apóstol San Paulo en Romanos, capítulo 7, versículo 15, porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Aparezco como un ser diabólico, despiadado y malvado pero eso no es así, soy un ser humano que sufrí terriblemente y sigo sufriendo y que muchos factores fueron los que me abocaron a tan terrible situación y que hay que entrar a analizar.

Hoy bajo otros parámetros que me encuentro sé el daño tan terrible que hice sin querer hacerlo, mas no con esto que estoy diciendo estoy pidiendo la libertad, sino una rebaja en la pena y unas condiciones humanas, que yo la pueda pagar y no por el contrario me acaben de destruir y de hundir más.

De la atención que preste a ésta le quedo altamente agradecido.
Luis Alfredo Garavito Cubillos. (sic)


En pocas páginas comienzan a sobresalir los rasgos más profundos del desequilibrio mental, el poder manipulador y la doble personalidad de Garavito.

Después de leer su carta de apelación, quien no conociera a "la Bestia" y lo que hizo con cada una de sus 192 víctimas, podría pensar en atender sus reclamos y otorgarle algún beneficio tras las rejas, admitiendo que quien sufre una violación se convierte fácilmente en un violador o un pederasta. Y que el maltrato sufrido cuando era niño es la razón de su accionar violento cuando llegó a ser un adulto.

Pero Luis Palacios en su libro Pyscokillers, Anatomía de un asesino en serie, despeja con una reflexión de fondo las dudas que despiertan los psicópatas al mostrarse como corderos arrepentidos:

"El error en el que está cayendo Occidente es creer demasiado en sus propias mentiras. ¡El hombre es bueno por naturaleza! De la herencia de tantos y tan grandes pensadores sólo se ha escogido a Rousseau, gran hipócrita ganador en la batalla perdida de la ilustración, sin prestar atención al sabio relativismo de Voltaire o las oscuras advertencias del Marqués de Sade. Todo pensamiento que rige hoy las democracias occidentales parte del ideal de que el hombre llega a la vida puro y en blanco, y que es sólo el condicionamiento exterior el que lo convierte en un futuro asesino. Científicos e investigadores se hallan cada vez más cerca de demostrar precisamente lo contrario. La violencia, la agresividad sexual, el instinto asesino, como muchas otras cosas, forman parte de nuestro acervo genético. La sociedad fue creada no porque el hombre sea bueno por naturaleza, sino por todo lo contrario la sociedad es la única manera de controlar al criminal. Pues ambos, criminal y víctima, son el mismo: nosotros".

Desde el 28 de octubre de 1999, día en el que fue presionado para que confesara, Luis Alfredo Garavito se ha mostrado como producto de su terrible infancia y ha manifestado su profundo arrepentimiento, pero sólo después de verse cercado por investigadores y fiscales. Por esto es considerado clínicamente un mentiroso patológico, que desconoce en su accionar el significado moral o social de términos como el bien y el mal.

El de Garavito no es un caso como el del asesino psicótico y fetichista norteamericano Charles Herirens, quien comenzó robando los interiores de las mujeres que atracaba y terminó matándolas a cuchilladas. Cuando fue consciente de encontrarse por momentos fuera de sí, asesinando personas inocentes, dejó un mensaje escrito con el lápiz labial de su víctima: "Por amor de Dios, deténganme antes de que vuelva a matar. No puedo controlarme"

Mi conversación con Luis Alfredo Garavito terminó después de hablar ocho horas sin parar. Eran las cuatro de la tarde cuando me despedí y con la amabilidad que lo caracteriza cuando esconde "la Bestia" que lleva por dentro, se despidió y me invitó a convertirme en su amigo y regresar a la cárcel para conversar. Le dije que volvería, convencido en mi interior de no hacerlo nunca jamás. Entonces, me acerqué a la ventana y grité: ¡sargento! Nadie aparecía, estaba a merced de Garavito; entonces llamé con mayor fortaleza. En ese momento me insistió en dejarle mi pequeña cámara fotográfica herramienta vital de mi trabajo más bien le susurré tomarnos una foto juntos para registrar este encuentro. Sin dilación exclamó: ¡Cómo se le ocurre, hay que hablar primero de dinero!

No insistí. Entonces grité más fuerte: ¡guardias!. Aquellos instantes parecieron eternos, mientras Garavito me insistía en dejarle la cámara. Su rostro denunciaba alguna molestia y nada que llegaba el sargento. Sólo pude descansar cuando el guardia abrió el candado. Pocas veces en mi vida de periodista he sentido tanto miedo. En el pasado he entrevistado, guerrilleros, delincuentes, paramilitares con el temor normal, pero convencido de la existencia de una ética de bandido, que se respeta. Pero Luis Alfredo Garavito se sale de las normas humanas y en cualquier momento podría disgustarse conmigo y terminar matándome con sus manos.

Al despedirme de él y abandonar la celda caminé hasta la puerta, salí de la cárcel y no sé por qué recordé a una de sus niños víctimas, Ronald Delgado Quintero. Tal vez porque en su muerte, como en la de 191 niños más, jamás se sabrá con exactitud qué hacía Garavito con sus víctimas en la escena del crimen. Lo conocido, viene del resultado de los análisis forenses de los cuerpos, más que por testimonio del asesino.

Cuando quise profundizar sobre el, verdadero porqué y el para qué de sus asesinatos, Garavito, me habló a medias, pero por fortuna de las manos inmisericordes de "la Bestia" lograron escapar dos niños, John Iván Sabogal, de 12 años de edad, quien se salvó sin recibir un rasguño del asesino y dio origen a su captura, y Brand Ferney Bernal Álvarez, de 16. Su testimonio es el más escalofriante que se haya relatado sobre el ritual asesino de Luis Alfredo Garavito Cubillos. Brand Ferney logró desamarrar las cabuyas que lo ataban de pies y manos, después de ser accedido carnalmente, golpeado sin descanso y apuñalado siete veces. Él aún no se explica de dónde sacó fuerzas para correr, salvar su vida y poder volver a su trabajo, su única pasión en aquellos años: Entrenar a un recurrente personaje de la literatura latinoamericana de los años 60, el gallo de pelea.

Recopilación: Mónica Carrión